martes, 24 de junio de 2014
jueves, 12 de junio de 2014
Trabajadores
Entrada correspondiente al día 01/05/2014 y que no llegó a publicarse.
A las cinco y media me levanto. Por lo que me cuentan y tras tres horas en la cama, he dormido una hora más que el Ché. Las principales arterias de la ciudad están cortadas. Intento llegar a Paseo por la calle 23 y luego por 25. La gente se va agrupando para el desfile y resulta muy difícil transitar. Al llegar a Paseo y entre el grueso de la manifestación, que aún espera la salida, avanzo lentamente con dirección a la Plaza de la Revolución. Escucho a personas que comentan que empezaron ayer a las diez de la noche los preparativos del viaje. Me sitúo junto a un grupo de trabajadores de la construcción y renuncio a colocarme más adelante. A las siete y media se escucha el himno nacional por megafonía y da comienzo el desfile. A las ocho en punto paso por delante de Raúl Castro, con prismáticos y camisa blanca guayabera. A las nueve y media ha acabado el desfile. Colocados estratégicamente, los autobuses van recogiendo a regueros de personas para ser devueltas a sus puntos de origen y la ciudad va recobrando la normalidad de cualquier otro día. Llego a casa después de dar una larga vuelta y pasando por el cementerio chino. (Aquí hay un pequeño cementerio chino situado tras el de Colón. Lo digo solo por comentar…) La situación en casa está complicada. El inodoro se ha atascado y Yandris se está peleando con una sirga, gruesa cual reptil emergente de aguas cenagosas. La imagen me recuerda a la famosa escena de la anaconda de Félix Rodríguez de La Fuente. La operación dura varias horas y el calor va en aumento. Luís, Raquel y yo permanecemos sentados y cariacontecidos lo más próximos a la terraza. No debemos tirar el papel higiénico por el inodoro. Para ayudar llega Asdrúbal en overol, en inglés over all: buzo de trabajo. Con un gran sentido del humor hace chistes sobre nuestra alimentación capitalista y en los “pequeños respiros” que se puede tomar, ayuda a Raquel a preparar los lienzos. Poco a poco se vence el “bloqueo” y la tensión se relaja. Raquel ofrece fruta a Yandris a lo que responde que si pone la mano en el plato, acabamos todos con ébola. Al final y entre risas, confiesa no haber jugado con tanta “mierda” desde que era niño. Raquel acompaña a Asdrúbal a su taller, que entre herramientas y vestido con su buzo se sienta en la mecedora a leer un libro. Raquel en ese momento, ya sabe la imagen que quiere pintar de Cuba.
En reconocimiento a Yandris, a Asdrúbal y a todos los trabajadores. A los que trabajan por amor al arte y cobran con agradecimientos y a los que no. A los que piensan que el trabajo dignifica, a los que piensan que embrutece. Al jubilado que no sabe vivir sin trabajar y al que se jubila para contemplar el trabajo de los demás. Al joven que todavía no busca trabajo, al que dejó los estudios para trabajar, al que trabaja con las manos y al que lo hace con el pensamiento, al que lo hace sentado y al que no se puede sentar, al que rueda por kilómetros de asfalto, al que camina por metros de baldosas, al que pisa la tierra, nada en el mar o flota en el aire, al que lo hace bajo el sol o bajo una bombilla, a los que se juegan la vida, a los que obedecen, a los que toman decisiones, al que llega a final de mes y al de los dos trabajos.
A los que lo buscan y a los que lo perdieron.
A las cinco y media me levanto. Por lo que me cuentan y tras tres horas en la cama, he dormido una hora más que el Ché. Las principales arterias de la ciudad están cortadas. Intento llegar a Paseo por la calle 23 y luego por 25. La gente se va agrupando para el desfile y resulta muy difícil transitar. Al llegar a Paseo y entre el grueso de la manifestación, que aún espera la salida, avanzo lentamente con dirección a la Plaza de la Revolución. Escucho a personas que comentan que empezaron ayer a las diez de la noche los preparativos del viaje. Me sitúo junto a un grupo de trabajadores de la construcción y renuncio a colocarme más adelante. A las siete y media se escucha el himno nacional por megafonía y da comienzo el desfile. A las ocho en punto paso por delante de Raúl Castro, con prismáticos y camisa blanca guayabera. A las nueve y media ha acabado el desfile. Colocados estratégicamente, los autobuses van recogiendo a regueros de personas para ser devueltas a sus puntos de origen y la ciudad va recobrando la normalidad de cualquier otro día. Llego a casa después de dar una larga vuelta y pasando por el cementerio chino. (Aquí hay un pequeño cementerio chino situado tras el de Colón. Lo digo solo por comentar…) La situación en casa está complicada. El inodoro se ha atascado y Yandris se está peleando con una sirga, gruesa cual reptil emergente de aguas cenagosas. La imagen me recuerda a la famosa escena de la anaconda de Félix Rodríguez de La Fuente. La operación dura varias horas y el calor va en aumento. Luís, Raquel y yo permanecemos sentados y cariacontecidos lo más próximos a la terraza. No debemos tirar el papel higiénico por el inodoro. Para ayudar llega Asdrúbal en overol, en inglés over all: buzo de trabajo. Con un gran sentido del humor hace chistes sobre nuestra alimentación capitalista y en los “pequeños respiros” que se puede tomar, ayuda a Raquel a preparar los lienzos. Poco a poco se vence el “bloqueo” y la tensión se relaja. Raquel ofrece fruta a Yandris a lo que responde que si pone la mano en el plato, acabamos todos con ébola. Al final y entre risas, confiesa no haber jugado con tanta “mierda” desde que era niño. Raquel acompaña a Asdrúbal a su taller, que entre herramientas y vestido con su buzo se sienta en la mecedora a leer un libro. Raquel en ese momento, ya sabe la imagen que quiere pintar de Cuba.
En reconocimiento a Yandris, a Asdrúbal y a todos los trabajadores. A los que trabajan por amor al arte y cobran con agradecimientos y a los que no. A los que piensan que el trabajo dignifica, a los que piensan que embrutece. Al jubilado que no sabe vivir sin trabajar y al que se jubila para contemplar el trabajo de los demás. Al joven que todavía no busca trabajo, al que dejó los estudios para trabajar, al que trabaja con las manos y al que lo hace con el pensamiento, al que lo hace sentado y al que no se puede sentar, al que rueda por kilómetros de asfalto, al que camina por metros de baldosas, al que pisa la tierra, nada en el mar o flota en el aire, al que lo hace bajo el sol o bajo una bombilla, a los que se juegan la vida, a los que obedecen, a los que toman decisiones, al que llega a final de mes y al de los dos trabajos.
A los que lo buscan y a los que lo perdieron.
De la cama a la hamaca
Entrada correspondiente al Miércoles 30 de abril y que no llegó a publicarse. A duras penas conseguí escribir unas líneas el domingo hasta hoy miércoles. Antes de nada, quiero señalar que estoy divinamente y mi salud, aunque con algún kilo de menos (de los que no ando muy sobrado) también. Al grano. El domingo empiezo a notar algunas molestias a las que no doy mucha importancia. Durante todo el lunes se repiten los mismos síntomas que no tardamos en identificar como una infección de orina. Solo necesito unos antibióticos y a seguir funcionando. Por la tarde Luís me acompaña al Hospital Cira García, donde nos informan que mi seguro de viaje no está activado. Tomo la decisión de irnos del hospital y “cagarme en el gran negocio de los seguros”. No alcanzo a entender como un seguro ya pagado no es efectivo en cualquier momento, si bien es cierto, que figuran y no precisamente en letra pequeña, los teléfonos a los que llamar para activarlo desde España o desde el extranjero. Esto, a mi corto entender y hasta que nadie me confirme lo contrario, pensaré que es un protocolo, o más bien una estrategia para que en casos no muy importantes llegues al médico y acabes pagando de tu bolsillo la atención médica y olvidarte de los seguros y del trámite que ello acarrea. Además me importa un rábano lo que me diga el médico, solo quiero su firma en un papel. Ya lo he dicho, solo necesito unos antibióticos y a seguir funcionando. Varias llamadas desde casa y diversas gestiones que mejor no contar. Algunas horas más tarde Ricardo, a través de Noemí, nos confirmaba la activación del seguro. El martes lo paso en la cama, con bastantes molestias y con fiebre hasta las 18.00 horas, que malamente me levanto y de nuevo al Hospital Cira García donde entrego la copia del seguro, mi pasaporte y me siento ante la puerta de la consulta. Mi pesadilla está apunto de terminar. Me llaman de recepción. Falta el correo de confirmación de la activación del seguro. La señorita de recepción me asoma el teléfono para que hable con no se quién. Miro al techo…al suelo…a la señorita…al teléfono…al techo otra vez. Pienso en mis riñones…en mi vejiga…en la caminata que me he tenido que dar…en la caminata que me di el lunes…en la cama y en la fiebre… Pienso en la señorita…¿Sabrá el significado de “peineta”? ¿Sabrá traducírselo al del seguro? ¿A quién se la debemos colocar?...El del otro lado del teléfono…¿Será español o cubano?...¿Con que le saludo?...¿Con un “mevoyacagarentuputamadre”? ¿O será mejor llamarle “comemielda”?. Trago saliva y cuento hasta diez. ¿Será posible que mi salud ahora dependa de un correo…? ¿Pero, de esos correos que llevan la arroba, o de los que se llevan en la alforja? Mi situación solo puede ir a peor si lo tiene que traer el Pony Express. - ¿Será usted tan amable de devolverme mi seguro y mi pasaporte...? Llego a casa desolado. Yandris me dice que ha pasado Flor y que ha dejado algo para mí. Son los antibióticos. Lo único que necesitaba me estaba esperando en casa. Es como para echarse a llorar. En menos de cinco horas me meto dos pastillas. Al rato llegan Luís, Oscar y Fran que vienen del aeropuerto. Llegan con una nueva inquilina, Raquel. Me levanto hoy miércoles. Estoy perfectamente y además nos vamos a la playa. Al volver, Oscar nos está esperando en casa con Cari, Yoel y Jenny. Es su cumpleaños y traen una tarta, carne de pollo y cerdo, pizzas, cervezas y ron. Yo me he vuelto abstemio, solo bebo agua. Son las 2.30 del jueves. Acabo de escribir y todavía no he visto las fotos de la playa. Hay un tráfico intenso de camiones y autobuses dando bocinazos por la calle 12. La gente va haciendo ruido y cantando. Todos van a La Plaza de la Revolución. Si quiero dormir, me tengo que echar ya porque me quedan muy pocas horas. Es Primero de Mayo.
Siete días
Entrada correspondiente al Domingo, 27 de abril y que no fue publicada.Silvia y Francis vuelan ya hacia España. Se llevan las maletas llenas de buenos recuerdos. Su charla con Tamayo y una cena en casa del poeta Alcides, que fue ministro en los primeros años de la revolución y colaboró con el Che. En Cuba ya no se publica su obra. Nos han contado de su admiración por el comandante. Anécdotas, como su forma de saludar a las amistades, su capacidad de trabajo, solo dormía dos horas al día y de su vida austera. También se llevan un elegantísimo reloj cubano de “Cuervo y sobrinos”. Un reloj de bolsillo que ahora lleva una pulsera de cuero que, como casi todo en Cuba, fue un laborioso trabajo de varias personas que llamándose a gritos y prestándose materiales, el hilo, el cuero o el “pegamín” consiguieron finalmente confeccionar. Se llevan más amigos y dejan otras cosas. Unas gafas de sol, papel higiénico, cremas y alguna medicina.
martes, 10 de junio de 2014
Los hijos perdidos de Oshún
Lunes, 9 de junio Día de La Rioja y cumplo una semana en casa. Miro constantemente el reloj y resto seis horas. Ahora mis amigos de La Habana están durmiendo, yo sueño despierto con estar allí y por las noches hago lo mismo, a ratos dormido, a ratos despierto. A unos 7000 Km. de distancia las cosas no parecen haber cambiado demasiado, por lo menos de momento. Estoy sin teléfono en casa y tampoco tengo Internet. El teléfono móvil se ha quedado en Cuba. Saqué la tarjeta, pero en un error de persona mayor (cualquier niño se hubiera dado cuenta) todos mis amigos y conocidos se quedaron en la memoria del teléfono y en La Habana, aunque solo sea de forma virtual. También se quedó la petaca, compañera nocturna de juergas y paseos por el Malecón y un estuche de viaje con útiles de aseo que nunca fue estrenado. Una de mis camisetas preferidas, unos kilos perdidos e intransferibles (no me pesé al salir y tampoco lo he hecho a mi vuelta) y el puñetero teléfono, un regalo inesperado de última hora completan la pequeña lista de souvenirs logroñeses que se quedaron en la isla. Muy poca cosa. Se quedaron los ansiolíticos y antidepresivos. Parte de un tratamiento de por lo menos un año de duración que yo interrumpí a los pocos meses y al comienzo de mi estancia en Cuba, contraviniendo la opinión de los médicos y especialistas que me alertaban de los peligros de abandonar la medicación. Creo que la lista de lo que dejo, o más bien, de lo que Cuba me ha dado, empieza a tomar importancia. Me he conectado con el wifi de nuestro amigo Rafa, de LA GUINDALERA, desde donde se ideó y planificó en reuniones diarias todo el viaje y he visto por primera vez publicado todo el blog. A primera vista, faltan dos entradas que se nos han despistado y me interesa mucho publicarlas además de añadir más fotos y más grandes (ahora que puedo) y parte del trabajo de Luís, las obras realizadas durante esta “época cubana”. El sábado, Ricardo y yo estuvimos con Francis y Silvia en la finca de El Cortijo. Hemos lucido nuestras pulseras de colores con todos los dioses cubanos y una llamada a Luís para, entre risas, acabar gritándole “Comemielda….”. Por cierto, comimos ensaladas y chuletillas al sarmiento con vino de Rioja y ron cubano. Nos hicimos fotos que espero que se vean en Cuba y nos fumamos un Cohiba. Le faltó horas al día para hablar de nuestras experiencias habaneras. Acabamos en otra finca, de otro personaje que se nos presenta al oírnos hablar y confesarse enamorado de nuestro lugar en El Caribe. Allí y con Francis junior y Alejandro hemos perseguido a los cerditos y a las gallinas y hemos jugado con los caballos dentro del cercado. Me he llevado un buen pisotón y un salivazo en la camiseta.
viernes, 6 de junio de 2014
Abre los ojos y abdica. No estás en Cuba
Domingo, 2 de junio
Un viaje insoportable. Más tarde echaré cuentas y entre aviones, autobuses y esperas serán casi 22 horas.
Aeropuerto de Barajas. Son las 12,30 y veo mi maleta en la cinta transportadora saliendo entre las primeras. Me quedo esperando a Alfonso que llega media hora más tarde.
Tres meses sin noticias y cae la primera. Juan Carlos abdica. Joder, esta si que es buena. Tres meses creyendo que íbamos a saber algo de Fidel, con nosotros allí, para vivirlo como testigos de excepción y la bomba cae en casa nada más llegar. Si llego a tardar tres meses más, igual me encuentro con una reina que no ha acabado la enseñanza primaria y a un descolorido Fidel cabalgando sobre Babieca espantando gringos.
Vamos a la estación de autobuses, a las cuatro sale el de Burgos con Alfonso y Oleida, yo espero hasta las cinco y media.
Cargado con mi bolsa de viaje, el ordenador, la mochila con el equipo fotográfico y un cilindro de cartón con cuatro cuadros de Luís, un equipaje que me hace parecer un “Homeless”, salgo a echar un pitillo. Enfrente un pequeño restaurante anuncia hamburguesa más refresco a algo más de cinco euros.
Lo que menos pensaba después de la dieta cubana, era echarme al cuerpo otra hamburguesa, pero no tengo mucho apetito. Entro y un camarero amabilísimo y muy profesional me ayuda a acomodar mi equipaje y a mí mismo. La terraza esta llena de clientes pero él se defiende perfectamente entre las mesas, sin dudas, sin esperas, sin traspiés. Más que trabajar parece que danza con los platos y le sobra tiempo para ser amable. Ya no hay duda…empiezo a ser consciente... No estoy en La Habana.
La hamburguesa, por cierto, casi me hace llorar…de gusto.
Luego Villanueva y Torrecilla. ¡Pero que bonita es mi tierra! ¡Los que vienen de Madrid tienen que alucinar cuando pasan por aquí!
Albelda, Lardero…Esto ya me empieza a “mosquear”. Palacio de los Deportes, Las Gaunas…Me cago en la leche, de esto estoy harto.
Busco a mis padres desde la ventanilla del autobús. Han venido con Sonia. Todo es perfecto.
En el aire
Domingo, 1 de junio Me despierta Luís y nos despedimos. Son las siete y Bahamas le espera. Limpio el desastre provocado por la cena de ayer y me dispongo a hacer el equipaje hasta que me interrumpe la visita de Jimmy, que viene a despedirse y charlar un rato. Para comer, la última hamburguesa y la visita a Ernesto y a Asdrúbal, que ha encontrado una preciosa mecedora tirada en la basura (algo muy extraño en La Habana) y la está restaurando. Es mi última foto. En el aeropuerto no dejan entrar a los acompañantes y nos tenemos que despedir en la puerta. Ultimos abrazos con Isis, Flor, Sergey y más tarde Fran, con el que comparto los últimos momentos y confesiones en voz baja sobre la realidad cubana. Me voy sin ganas, pero con nuevas ilusiones, muchos amigos, proyectos comunes y la intención de reunirnos más pronto que tarde. Me toca pasillo y mi compañera de viaje, una cubana ya madurita que reside en Madrid, se despide desde la ventanilla del avión con un decidido “hasta nunca”. Trabaja cuidando a un abuelito y se ha tomado unas cortas vacaciones en su tierra. Tiene un novio en La Habana bastante más joven que ella (me enseña las fotos de estos días) y “pasa” de volver a verlo, que le sale muy caro. No se lo digo, pero pienso que ésta ya no es cubana. Vamos… que con dinero y un novio en La Habana ya parece una Yuma. Nos sorprendemos desde el aire de la inusual iluminación de La Habana. Hoy, a tres meses de mi llegada, La Habana y solo desde el avión, es una ciudad sin apagones, sin penurias, sin casas que se caen y sin desabastecimiento. Casi parece una ciudad normal. La Habana de noche y desde el avión es una ciudad llena de luz. (No es la frase con que quería acabar esta narración, pero tampoco la voy a acabar aquí. Tal vez solo sea el final de la primera parte. Voy a ver que da de sí todo esto y donde acaba. También quiero disculparme por haberme “echado al ruedo”. Que me disculpe la gente que de verdad sabe escribir. Que me disculpe también la gente que conoce bien Cuba y su historia. Perdón por mis errores, mi imprecisión y mi falta de información. Mi intención ha sido transmitir mis sensaciones y pensamientos, los únicos elementos con los que he jugado. Igualmente espero que a alguien le haya traído buenos recuerdos, que haya personas que coincidan con mi forma de ver las cosas y sobre todo, que en algún momento, un viajero que vaya a La Habana por primera vez y lea estas líneas, encuentre alguna utilidad en mis reflexiones, además de provocar algunas risas entre mis amigos)
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