miércoles, 7 de octubre de 2015

Rihanna, Annie Leibovitz, La Habana.

Rihanna en La Habana. Fotografías de Annie Leibovit

      La prestigiosa revista norteamericana Vanity Fair realizó una espectacular producción fotográfica con Rihanna en ocasión de la reciente visita de la popular cantante a Cuba. En el día de ayer fue publicado un adelanto de las fotos, las que se realizaron en el barrio del Cerro y en el casco histórico de La Habana Vieja y donde no pudieron faltar los emblemáticos carros americanos, entre los que destaca un Lincoln Continental 1956 Mark II color rojo que perteneció a Martha Fernández de Batista, esposa de Fulgencio Batista.

Fuente: On Cuba
Fotografía: Annie Leibovitz

Rihanna en La Habana. Fotografías de Annie Leibovit


Rihanna en La Habana. Fotografías de Annie Leibovitz.


La ciudad con patas


       La maqueta de La Habana fue concebida como instrumento en el planeamiento urbano de la capital. Se encuentra ubicada en Miramar, en la calle 28, entre Primera y Tercera.
Fue construida en escala 1/1000, abarcando una superficie de aproximadamente 220 metros cuadrados, convirtiéndola en la segunda más grande del mundo, sólo superada por “The Panorama of the City of New York”.

        La maqueta de La Habana surgió a partir de un proyecto que comenzó en 1987. Está conformada por 39 tableros cuadrados de 2m x 2m ubicados sobre una estructura metálica que, mediante rieles, facilita su mantenimiento y limpieza. La dimensión total es de 22 metros de largo por 10 metros de ancho, pesa seis toneladas y se confeccionó en 10 años. Un equipo integrado por nueve diseñadores, maquetistas y arquitectos materializaron esta curiosa propuesta. Los pequeños edificios están confeccionados con madera de cedro.La maqueta muestra mediante diferentes colores, las diversas etapas históricas y de transformación que ha sufrido la ciudad. Las edificaciones correspondientes a la época Colonial, desde los siglos XVI al XIX, se distinguen por el color marrón. El período de 1900 a 1958 se distingue por el ocre y las edificaciones construidas a partir del 59 por el color marfil. Las edificaciones en proyecto aparecen incorporadas en color blanco. En la entrada de la bahía una pequeña luz parpadeante, desde el faro del Morro, se encarga de darle vida a la maqueta.Para albergar esta ciudad en miniatura fue construido un Pabellón. El gran espacio posee una rampa que lo rodea y mientras va descendiendo permite, mediante telescopios, observar cada detalle de la diminuta ciudad como edificios, calles, parques y hasta tanques de agua en las azoteas.



En el año 1999 se inauguró en la Habana Vieja la maqueta del Centro Histórico. Se encuentra ubicada en el antiguo almacén de la farmacia Taquechel, en Mercaderes entre Obispo y Obrapía. El edificio posee además salas de exposiciones, tienda, cafetería y un pequeño cine con capacidad para 32 personas.
La maqueta del Centro Histórico consta de 8 paneles de 16 metros cuadrados cada uno, requirió 3 años de trabajo y representa un área de 2.14 km2 en escala 1/500. Aparecen representados, aproximadamente, unos 3500 edificios y posee un sistema de sonido, luces y proyecciones que permiten vivir plenamente la vieja ciudad, simulando el ciclo del día y la noche.

La maqueta fue inaugurada el 16 de noviembre de 1999, en ocasión del 480 Aniversario de la Fundación de la Ciudad. Ambas maquetas fueron elaboradas por el arquitecto Orlando Martorell, quien trabajó durante 48 años como maquetista. Realizó más de dos mil maquetas, entre ellas, la del Túnel de la Bahía, la de la Lonja del Comercio y la del Casco Histórico de Alcalá de Henares, en España.



Fuente: eufratesdelvalle.blogspot.com

domingo, 4 de octubre de 2015

La casa encantada de Federico García Lorca

Casa de los Loynaz. Fotografía Alfredo Iglesias.

           Serían algo más de las cuatro de la tarde y había salido de casa sin rumbo fijo. No quería tardar en volver, así que al llegar a Línea decidí tomar una dirección distinta a la habitual y encaminarme hacia Miramar. Me la encontré de golpe y me hechizó desde el primer momento. Aquella tuvo que ser una casona maravillosa y a pesar de su estado ruinoso se podía adivinar que vivió tiempos felices y llenos de esplendor. Lo que debió ser un maravilloso jardín rodeaba la vivienda y todavía eran visibles los restos del muro que delimitaba toda la propiedad. Tomé una única fotografía con cierto temor, no había nadie pero se adivinaba que aquella vieja mansión estaba ocupada por varias familias y que con el tiempo se había convertido en lo que en La Habana llaman un solar. Al volver a España sabría más de aquella casa. 

Casa de los Loynaz. Ilustración Nancy González.
           Federico García Lorca llega a La Habana el 7 de marzo de 1930 invitado a dictar unas conferencias por la “Institución Hispanocubana de Cultura”. Llega a Cuba  procedente de New York y con la primera impresión de la isla comenta: “… ¿Pero qué es esto? ¿Otra vez España? ¿Otra vez la Andalucía mundial? Es el amarillo de Cádiz con un grado más, el rosa de Sevilla tirando a carmín y el verde de Granada con una leve fosforescencia de pez...”

           Cuba lo enamora y prolonga su estancia hasta el 12 de junio del mismo año.

En la Habana, García Lorca conoce a la familia Loynaz. Carlos Manuel, Dulce María, Enrique y Flor eran los hijos de Enrique Loynaz del Castillo, un importante general de la Guerra de la Independencia que había compuesto en 1895 las estrofas del Himno Invasor. Los cuatro hermanos eran poetas y habitaban en una gran mansión en el señorial barrio de El Vedado.

Federico, atraído por los versos de Enrique, de quien conocía algunos poemas publicados en España, se presentó un buen día en la casa de los Loynaz y pronto se convirtió en un visitante asiduo. El poeta granadino cayó rendido a la atmósfera casi onírica que se respiraba en esa mansión, “mi casa encantada” como le gustaba llamarla: allí leía fragmentos de sus obras, cantaba y tocaba el piano. Y así, poco a poco se fue cimentando una fuerte amistad, especialmente con Flor y Carlos Manuel, con quienes disfrutó de interminables veladas en La Habana, recorriendo sus calles, recitando poemas…

En 1936 Juan Ramón Jiménez visita La Habana. Vio los escenarios que Lorca había visto seis años antes, trabó contacto con muchos de los que él había conocido. Visitó a los hermanos Loynaz y escribió... “¡Ah, sí, ahora sé de golpe dónde de salió todo el delirio último de la escritura de Lorca!”,

Lorca en la Habana
Lorca a su llegada a La Habana y en el Havana Yatch Club.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Ernesto Fernández "Magüa". Pintor cubano


De la serie trampolines





Ernesto en El Vedado Desde que amanece se va perfilando en las pequeñas cosas que constituyen la vida cotidiana el primer rayo de sol, el sorbito de café, el diálogo, etc.… a este universo de sensaciones se añaden las imágenes de la vida social, los lugares, los objetos, los símbolos, el paisaje, todo ha ocurrido en silencio, espíritu ritualista de introspección, trazado visual de lo real. 
Así se va configurando la identidad, con lo que compartimos, con lo original y propio de nuestro quehacer día a día.


                       Ernesto Fernández "Magüa"   




America inmortal

De la serie "plancha vs papel"
Altavoces

Contrato

    
                                      

domingo, 20 de septiembre de 2015

Cómprame un cucuruchito de maní

Vendedores de fruta en el Malecón. La Habana 1947
Vendedores de fruta en el Malecón. La Habana 1947
Dulces, escobas, sartenes, frutas, desinfectantes, pan y flores, son algunas de las ofertas que pregonan los nuevos vendedores ambulantes por las calles de La Habana, donde ese tipo de comercio se expande como modo de vida con los cambios económicos que ocurren en el país.
"¡Galleta, galletero!", "!Aguacate, aguacatón, para todo el familión", gritan por los barrios algunos de los nuevos mercaderes, que según datos oficiales acaparan más del cinco por ciento de las licencias de trabajo autónomo entregadas en Cuba desde que el Gobierno impulsó el sector en 2010.
Vendedor de esponjas
Vendedor de esponjas.
"!Oye caserita, mira cómo vengo: traigo mango, piña y plátano suave y fresco pa ti!", entona otro vendedor en una barriada donde los vecinos comentan que esos cantos fueron típicos en los años antes de la revolución de 1959, cuando el comercio callejero era uno de los sellos de la bulliciosa ciudad.
Tras la revolución, la venta ambulante fue prohibida por largos periodos y cargó con el estigma de ser una puerta abierta para el mercado negro y los vendedores ilegales.
En la década del sesenta desapareció, cuando el Gobierno revolucionario eliminó los pequeños negocios; en los noventa proliferó con la nueva autorización del trabajo privado, y en los últimos tres años, tras las nuevas medidas económicas del presidente Raúl Castro para "actualizar" el socialismo cubano, ha vuelto a florecer.
Durante años, muchos de los vendedores en las calles eran discapacitados físicos que tenían autorización para ofertar productos artesanales en parques y portales.
Las autoridades informaron de redadas porque personas "inescrupulosas" utilizaban a los autorizados para vender sus productos ilegales.
Actualmente el listado oficial de actividades permitidas al sector privado incluye la venta "ambulatoria" de comida, bebidas no alcohólicas, productos agrícolas y artículos para el hogar.

                                                   
Venta ambulante de pavos vivos en las calles de La Habana.
Venta ambulante de pavos vivos en las calles de La Habana

Por las calles se dejan ver ahora los típicos comerciantes de cucuruchos de maní (cacahuete), a los que se han sumado los de churros, helado, pan, tamales, productos de limpieza, cazuelas, exprimidores de cítricos, cubos, cafeteras, coladores.
Trabajan empujando pequeños carros de mercancía, sobre bicicletas con vitrinas de cristal y neveras para la comida, o cargando sus artículos en bolsos o sobre la espalda.
"Es igual que antes de la revolución, vas pregonando toda la mercancía, día tras día", dice Lázaro Rodríguez, un jubilado de 70 años que en su adolescencia trabajó como vendedor callejero y ha vuelto al oficio con licencia de "carretillero".
Rodríguez, quien durante décadas administró bodegas estatales, explicó que el negocio "da para vivir normalmente, sin lujos" y opinó que lo más incómodo son los inspectores.
Los "carretilleros" impulsan carretones de frutas, viandas y vegetales por las barriadas, con paradas a la sombra, y quizás sean los más conocidos y polémicos de todos los ambulantes.
Según datos oficiales de 2012, la urbe tenía más de 3.200 de esos vendedores, inicialmente muy criticados por sus precios, por obstruir el paso en las avenidas y hasta por "afear" la ciudad.
Las autoridades de Trabajo de La Habana informaron entonces sobre reuniones con ellos para "promover orden y disciplina" en su gestión.
Por otra parte,  las autoridades de Salud Pública anunciaron asimismo medidas con los vendedores en general, y dijeron que serían "exigentes" con esos que entran a las instalaciones médicas ofertando desde alimentos hasta celulares.
Pero los comerciantes ambulantes de La Habana también venden servicios, y hasta compran.
Por ejemplo, están los reparadores de todo tipo de artefactos -como colchones, cocinas y ventiladores- y los que se ofrecen para comprar a buen precio frascos vacíos de perfumes "de marca", botellas, relojes rotos, u oro.
"¡Se compra cualquier pedacito de oro!", es el sorpresivo pregón que apareció un día en la ciudad, y que se ha convertido en frase popular y motivo de broma entre muchos cubanos.
La legalidad de esa y otras prácticas está en tela de juicio, y a algunos ambulantes se les considera "revendedores ilegales".
El paisaje lo completan algunos vendedores de paso que se ubican en portales y esquinas con objetos de uso (zapatos, juguetes, libros, artículos de ferretería), y que en su mayoría son jubilados que buscan algún ingreso extra.

Anett Rios

Carrito de helados (1904)
Carrito de helados (1904)






Puesto de frutas en 1933. Walker Evans
Puesto de frutas en 1933. Fotografía de Walker Evans.




























Prado en 1906
Prado en 1906

jueves, 17 de septiembre de 2015

Las castas



Mujer en el barrio chino de La Habana. Alfredo Iglesias
La Habana, 14 de noviembre de 1842..

“Del encuentro de tres razas en este mundo nuestro, salieron las castas, que las preocupaciones sociales clasificaron minuciosamente, de las cuales se ocupó más de una vez el legislador”. He aquí, una de estas antiguas clasificaciones:
 
Español con india, sale mestizo
Mestizo con española, sale castizo
Castizo con española, sale español
Español con negra, sale mulato
Mulato con española, sale morisco
Morisco con española, sale chino
Chino con india sale salta atrás
Salta atrás con mulato sale lobo
Salta atrás con india, sale chino
Chino con mulata, sale lobo
Lobo con mulata, sale jíbaro
Jíbaro con india, sale albarrazado
Albarrazado con negra, sale cambujo
Cambujo con india, sale zambaigo
Zambaigo con mulata, sale calpán mulato
Calpán mulato con Zambaigo, sale tente en el aire
Tente en el aire con mulata, sale no te entiendo
No te entiendo con india, sale torna atrás
De indígena con negra sale zambo
De negro con zamba sale zambo prieto
De español con morisca sale albino
De albino con blanca sale salta atrás o saltapatras
De indigena con mestizo sale coyote (También se denomina cholo)
De mulato con indigena sale chino
De español con coyote sale harnizo
De coyote con indigena sale chamizo
De chino con indigena sale cambujo
De salta atrás con mulato sale lobo
De lobo con china sale jívaro
De jívaro con mulata sale albarazado
De albarazado con negra sale cambujo
De cambujo con indígena sale sambaigo
De sambaigo con loba sale campamulato
De campamulato con cambuja sale tente en el aire