sábado, 3 de enero de 2015
jueves, 18 de diciembre de 2014
El milagro de Babalú Ayé
17 de diciembre, día de San Lázaro en Cuba. Son miles los
que visitan la pequeña Iglesia del Rincón, en Santiago de las Vegas (Boyeros - La Habana). San Lázaro es
Babalú Ayé en la regla de Ocha.
17 de diciembre de
2014, EEUU levanta el embargo a Cuba tras 53 años de bloqueo económico.
Felicidades a todos mis amigos de La
Habana, con los que me gustaría estar en estos momentos y
desde la prudencia desearos que sea el primer paso hacia un futuro mejor. Para
siempre en mi corazón...Viva Cuba!!!!
jueves, 23 de octubre de 2014
En La Habana no ponen Master Chef
Mis amigos en La
Habana no se lo podían creer. Mis amigos pintores, músicos y
bailarines no podían entender que el arte en España actualmente se haga en las
cocinas. En La Habana ,
el arte es reivindicativo, explosivo en formas y contenido, concienciado social
y políticamente y muy crítico. Unas veces de forma velada y otras sin contemplaciones.
Se analiza, se desmenuza y se opina
desde los micrófonos, desde los lienzos, con el cuerpo y con el alma, el
pasado, el presente y el porqué de las cosas. Ríanse de Harry Potter, magia
hace una madre para dar de comer a la familia dos veces al día haciendo
combinaciones de tres elementos. Los niños en La Habana van al colegio en
camello, pero no sobre él, sino dentro de sus tripas (haciendo referencia a un
medio de transporte ya desaparecido). La Habana es una ciudad enferma que supura arte,
pero arte del que llamábamos nosotros “con mensaje” cuando sabíamos protestar. La Habana hoy es como el
Madrid de los ochenta y la gente atrapa su porción de libertad para
compartirla, embellecida si es posible, con los demás.
En Cuba se come arroz y frijoles y se cena frijoles con
arroz. Algo de cerdo si hay suerte, pizza de tomate y queso, hamburguesas y
espaguetis si lo puedes pagar, luego te vas a cantar, a bailar o a pintar y
siempre a disfrutar.
Estos iban a “alucinar” si viesen que en nuestros periódicos
se les dedica tantas páginas a los cocineros como a los equipos de fútbol, si
viesen una televisión plagada de programas y concursos con señores de blanco
cortando cebollita fina.
-Si ves que han
llegado huevos, asegúrate un par de cartones porque mañana no habrá. Los huevos
son pequeños y de yema muy amarilla, no se parecen en nada a los que comemos
aquí. Me han dado explicaciones de todo tipo pero una me llamó la atención: Los
huevos son así porque a las gallinas se les alimenta con larvas de mosca.
Muslos de pollo, eso si que hay. Pollo frito por todos los
lados, pero solo los muslos.
- Pero que coño
hacéis con el resto del pollo. A ver si algún día veo una pechuga
- Las pechugas se
quedan en los hoteles (cualquier sentido que se le quiera dar a esta
frase es cierto)
…Y cuando ya no puedes más, decides darte un atracón. Al
final de la calle hay una barra que se llena con cuatro personas y que aquí
llaman cafetería. Me pido un platazo de espaguetis que me tengo que comer de
pie o sentado en las jardineras vacías que dan a la calle. Algunas veces no me
han podido atender porque te tienes que traer el plato de casa. Doce pesos
cubanos, menos de cincuenta céntimos de euro y te vas “comido” a casa.
Aquí hacemos arte en la cocina, cosas bellas que conquistan
nuestra vista y nuestro olfato, encandilan al paladar y……..ya no pasa nada más.
Llámenme paleto, pero este es un arte caro y cuando no hay pasta, no se venden
muchos cuadros.
jueves, 14 de agosto de 2014
Refllexiones I
Ya han pasado dos meses y medio desde mi vuelta de La Habana y solo el nueve de
junio conseguí publicar unas líneas en
este blog. Lo he intentado varias veces y dudo que esta vaya a ser la
definitiva y que consiga hacer algo coherente con los pensamientos que me dan
vueltas por la cabeza.
Hemos hablado por teléfono con Luís, que ya da por seguro
que colgará “La última cena” en la
Fábrica del Arte Cubano y he recibido varios correos de Isis y
un mensaje de Sergey. Nos echamos de menos. Nos echamos muchísimo de menos.
Tengo la sensación de estar metiendo en una bolsa cada día
que pasa y que la deposito en la basura antes de echarme a la cama.
Recuerdo que antes de ir a La Habana , le comenté a Luís
que nuestro viaje era (como se suele decir) salir de Guatemala para ir a Guatepeor.
Jamás tuve un especial interés en visitar Cuba y salíamos de un país sumido en
una demoledora crisis hacia otro en el punto más alto de su decadencia. Pensaba
en morenas y morenos bailando salsa y regatón y que coño podía yo pintar en ese
escenario. Desde mi desconocimiento de Cuba e influenciado por las ideas
preconcebidas y por los testimonios de los turistas de siete o quince días
repartidos entre los hoteles habaneros y en los “paraísos ficticios” y ”hermosos
guetos” en primera línea de playa en Varadero,
nos “plantábamos” en el barrio de El Vedado con el propósito de olvidar
nuestras respectivas crisis, trabajar y vivir “casi” como cubanos.
En mi caso, mi intención era fotografiar la ciudad y
escribir mis sensaciones de cada día. Lo hice desde una mirada ingenua, según
iba descubriendo lo que esta ciudad quería mostrarme, sin más influencias, sin
otra intención, con escasa información adicional y desde la perspectiva que te
da el estado de humor tan cambiante que provoca una estancia prolongada en La Habana , una exposición a
esta extraña radiación, una medicación que cura, molesta, enfada, divierte,
engancha… y miles de cosas más.
Ahora desde mi casa, en la ciudad que nací y en la que he
pasado la mayor parte de mi vida, me asombro que la sinceridad e inocencia de
mis palabras y pensamientos descubran realidades que leo y veo en escritores y
periodistas, autores de escritos o documentales, textos sesudos y videos de los
que circulan por televisiones y por Internet.
Intenté evitar escribir de cosas “serias”, al igual que
parecer parcial o meterme en “barrizales” de los que no supiera salir y casi
sin querer, he reflexionado sobre todas las múltiples realidades de Cuba con
palabras y fotos de mi día a día.
Sumido en la insoportable ociosidad del que no sabe que
hacer con su vida, mis mejores momentos los paso recordando los instantes y los
amigos, los gestos, las palabras y los lugares que han quedado al otro lado de
un océano. Todos los días pienso en ellos y repaso las fotos una y otra vez y
me obsesiono por ir conociendo un poco más ese lugar. Leo y veo grabaciones y
videos relacionados con Cuba, su historia, su música y sus costumbres. Analizo
las opiniones y los comentarios de otros visitantes y la visión que se afanan
en dar de sus experiencias en la isla.
Reflexiones II En ocasiones veo casas despintadas
A los pocos días de
mi vuelta y sentados en la terraza de una céntrica cafetería logroñesa me
presentan a un hombre. Es algo mayor, camisa a cuadros azules, elegante y de
apariencia económicamente acomodada. Visitó La Habana hace unos años y no
piensa volver.
- ¡Vaya ciudad!
Todo está roto…y ¿Qué me dices de la suciedad y el olor en las calles a pis de
caballo?
- ¿Qué si me di
cuenta?...Fueron los primeros quince minutos del primer día en Habana Centro y
frente al Capitolio, nada más bajarse del almendrón. Aquello era como empezar a
pasear por la luna. La parada de los coches de caballo está ahí mismo y ríos de orines corren por el asfalto. Una “guiri”
delgada, blancucha y con ojos llorosos se tapaba boca y nariz con un pañuelo y
corría entre una nube de humo negro de motor para evitar permanecer más tiempo
en esa zona y acabar vomitando. Luís recogía unas hamburguesas en un puesto
cercano y a la vuelta de la esquina una mujer tendía la ropa en uno de los
balcones apuntalados de un bloque de viviendas hueco y por donde crecía una
vegetación incontrolada. ¿Olor?...Aquello fue un bofetón en toda la cara. Tanta
realidad y tan junta apesta. Estaba como borracho sin haberme dado un trago.
El hombre me dijo que había pasado una semana en La Habana. Me pregunté que narices
pudo hacer los seis días, veintitrés horas y cuarenta y cinco minutos
restantes.
No voy a negar que situarte de repente frente al Capitolio,
de buena mañana, con un bullicio de gentes que no sabes muy bien que están
haciendo ahí, con un fuerte olor a orines, con coches de los años cincuenta que
dejan una nube de dos metros de humo negro y rodeados de casas apuntaladas y
habitadas en pleno centro de la ciudad, impresiona mucho, pero impresiona más
que un hombre invierta su tiempo y sus euros en unas vacaciones a un lugar que
solo te deja el recuerdo del olor de los orines de los caballos.
Otra de las frases más escuchadas entre los que visitan
Cuba:
“Tienes que ir a Cuba
antes de que cambie”
¡Buff! Se podría estar todo el día analizando este
pensamiento. El que viaja a Cuba y dice esto parece estar deseando que no
cambie nunca, como si fuera posible pasear entre sus destartaladas y sucias calles
congeladas para la eternidad y sin fecha de caducidad. El menú está servido:
Viaje al siglo pasado, mujeres prostituyéndose a tiempo parcial para llegar a
fin de mes y la posibilidad de contar a tu vuelta toda la miseria que has visto
y lo mala que fue la
Revolución mientras te tomas unas copazas con los amigos en
la terraza de moda. Claro está, que si cambia, a tomar por saco Cuba y los
cubanos y el próximo viaje a cualquier Resort de República Dominicana que al
fin y al cabo será lo mismo, cemento y más cemento bordeando playas privadas. Y
es que si muchos errores se han cometido en Cuba, está en la mejor situación
para no repetir los nuestros, todos los males de una sociedad de consumo,
irrespetuosa por el medio ambiente y de una avaricia tan desmedida que ha
generado una crisis humana, económica y medioambiental de consecuencias todavía
desconocidas.
Por el otro lado, si hay algo que debe cambiar urgentemente
en Cuba, que el sueldo de un cubano le alcance para comer los treinta días del
mes.
Claudia nos había invitado a su fiesta santera de cumpleaños
en casa de su abuela. La puerta estaba abierta y los invitados se repartían
entre las estancias de la casa, el descansillo y las escaleras. El sobrinito de
Claudia anuncia nuestra llegada a gritos durante un descanso de los músicos.
Luís, un hombre blanco, camarógrafo jubilado y vecino de
escalera participaba de la fiesta sin excesivo interés. “Folclore, todo
folclore” Me comentó.
Estuvimos hablando de nuestros trabajos y pronto hicimos
buenas migas. Me habló de todo lo bueno que había traído el régimen, incluida
la sanidad y la educación gratuitas.
- ¡Coño!... Pues
igual que nosotros. Si es que, no debemos ser tan diferentes. Lo que vosotros
llamáis Socialismo, nosotros Estado del Bienestar (…de momento). Y es que con
todo lo que ha costado conseguirlo, ahora se lo están cargando y aquellos
logros cuando ya solo sean un viejo recuerdo, los renombrarán como “rancio y
desfasado comunismo”. Luís, y…hoy por
hoy…¿crees que en Cuba se vive bien?
Luís se explaya en su discurso de defensa del Castrismo para
acabar diciendo:
- Bueno, si. Las
casas si que están un poco despintadas.
martes, 5 de agosto de 2014
viernes, 1 de agosto de 2014
Averías
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